El Sati

La palabra sati llegó a mi vida de la mano de la Princesa Romy, aquella gatita violeta que terminó por ser la pareja de Willy Fog en la famosa serie de dibujos animados (en la novela de Julio Verne se llamaba Aouda). Recuerdo la intensidad de aquel capítulo en que el león viajero salvaba a la princesa de ser lanzada a la pira funeraria de su marido por una malvada sacerdotisa y un grupo de personajes masculinos de cultura exótica indefinida, pero que siempre apelaron a mi imagen de los antiguos egipcios. Romy, desesperada, corría hacia un lado y hacia el otro, mientras la sacerdotisa invocaba a Kali y le ordenaba que se lanzara a las llamas. En estas que la princesa se desmoronaba en la pira y Willy Fog aparecía en su auxilio y la sacaba de las llamas mientras Rigodón y Tico saltaban sobre las brasas para minimizar lo trágico de la escena.

Sati o Dakshayani es la diosa de la longevidad y la felicidad marital y fue la primera consorte de Shiva. Cuenta el mito que su padre humilló a Shiva y, al no poder soportarlo, Sati se inmoló. Así se origina el nombre del suicidio voluntario o inducido de las viudas que está documentado en la India desde el siglo IV. La autoinmolación de la esposa fue prohibida por los británicos en 1829, aunque la legislación no ha impedido que se detecten casos aislados, el último de los cuales ocurrió en Chhattisgarh en el 2008.

La cultura hindú no ha sido muy benévola con la mujer que tradicionalmente se considera que pasa de la tutela del padre a la del marido y suele experimentar la inclusión en la familia marital con una considerable presión por parte de las féminas del linaje, especialmente la suegra. En caso de muerte del marido, a la esposa le quedaban tres opciones:

  • Ser acogida por algún familiar varón del marido.
  • Internarse en un ashram de viudas como explica Deepa Mehta en la película nominada al Oscar Agua
  • Lanzarse a las llamas de la pira funeraria del marido. La mujer emulaba así a la divinidad y, por ello, encontramos en India relatos que nos hablan del sati como una heroicidad femenina. El sati es, en teoría, un acto voluntario, aunque se asume que la familia del marido practicaba la coerción o, incluso, la violencia para forzar a la mujer a cometer tal atrocidad, puesto que se consideraba una manifestación de la diosa encarnada en la esposa virtuosa. En la foto, dos devotos rezan a Narayani Mata, la mujer de un rajput que protagonizó un sati y en cuyo honor se construyó el templo en la región de los Aravali, al noreste de Rajasthán.