Old Delhi student

No me gustaría que el estudiante en cuestión leyera esta reseña de la tarde-noche de ayer y pensara que no lo pasé en grande. De hecho, la suerte de trabajar en la universidad es que tienes la oportunidad de codearte con un abanico bastante amplio de gente. Evidentemente, no hay pobres de remate, pero sí gente muy humilde.

El estudiante me invitó hace una semana medio en broma medio en serio, pero le tomé la palabra., pues la experiencia pintaba interesante.  Cena con biryani en Old Delhi de verdad, nada de turisteo. Así que después de intentar coger un autobús, que es como él vuelve a casa desde las clases, y no conseguirlo, me ofrecí a pagar un auto que nos llevó después de un buen rato hasta Turkman Gate. La puerta sudoeste de Old Delhi no es de las más concurridas por los turistas, a pesar de que queda bastante cerca de la estación de trenes de New Delhi. Immediatamente, como quien no quiere la cosa, nos zambullimos en la muchedumbre, las calles estrechas y vibrantes que podrían estar en Asia Central o en Oriente Medio. Tiendas y tienduchas y vendedores ambulantes, colas de mendigos ante las dhabas esperando la limosna de algún benévolo musulmán de clase media, mujeres cubiertas de pies a cabeza, con tules negros sobre los ojos, niños traviesos, rickshaws maniobrando con dificultad a toda velocidad entre los viandantes, kilómetros de cables anudades en cada poste de la luz, del teléfono… torcemos una esquina y en el fondo de un callejón, sin apenas puerta empiezan unas escaleras que llevan a un segundo piso.

Tras la puerta, la casa, llamada así con benevolencia. Algo así imaginaba yo que sería una cela de una cárcel india. La pared de cemento sin rebozar tenía a penas una ventanita, que yo recuerde. El cuarto, menor que el comedor de mi casa alquilada, estaba ocupado por seis colchones de un dedo de grosor que se extendían en el suelo cubriendolo casi todo y marcando el espacio de cada uno de los inquilinos de la habitación. En el centro una mesa con un ordenador y el equipaje de los habitantes. Ni armarios, ni cajones, ni nada que se le parezca. Todo iluminado con la ténue luz de un fluorescente, como no. Sin cocina, sin baño para los seis. Uno se compartía con los otros inquilinos de las otras dos o tres habitaciones de la planta. Todo por la módica cantidad de 1000 rupias. Él llevaba allí tres años, estudiando, algunos de los otros tenían un trabajo.

Me invitó a un café de la tienda de abajo y a un pastel que francamente estaba bastante bueno, una especie de crema con coco por el medio. Estuvimos hablando largo y tendido, ante la mirada curiosa de un estudiante de clases particulares sentado en el tercer colchón empezando por la izquierda. Mi alumno tenía el sexto, en una esquina del cuarto frente a la pared y al ordenador. No sé si sería un privilegio por la antigüedad o un castigo. No me atreví a preguntarselo. Terminado el café, salimos a la calle. No hay sorpresas en Old Delhi, uno se espera lo que va a encontrar, pero nunca deja de fascinarme la estética de los antiguos havelis medio derruidos, los balcones en diagonal, la decadencia y decrepitud de la mayoría de lugares, los pequeños consultorios de medicina india, la normalidad con que los habitantes de Old Delhi viven el vivir en una ciudad que tiene un sur, que es otra ciudad. Tomamos un biryani de pollo en un lugar donde los platos olían excepcionalmente bien. Por la calle, me ofreció un kheer (arroz con leche y frutos secos, más espeso que el que comemos en España) frente a la silueta oscurecida de la Jama  Masjid en plena noche. El mercado en vías de cerrar, todavía con algunas luces encendidas y alguna cabra nerviosa huyendo del abnegado propietario. Tras tirar la vasija del kheer al suelo, nos dirijimos hasta la parada del autobús donde cogí el 403, sentado en la esquina de atrás, sintiendo cada bache de la carretera hasta Ashram, pensando que hay muchas vidas posibles en esta ciudad.

Un comentario sobre “Old Delhi student

  1. Hola company! Et veig força crític!!! Aquest escrit, sense deixar malament el noi que et va convidar, sí que té un aire lleu – per sort lleu – de “pobrets indis qué malament que viuen”. Et veig una mica fase “Kevin Carter fotografía a la niña del buitre en Sudán”, cosa lògica quan un s’enfronta a fets que superen la seva capacitat, que no pot resoldre. Només volia dir-te que he pensat que valia la penar fer-te la reflexió que mentre encara ets a Delhi pots fer moltes coses per la gent d’allà, que cada granet de sorra que hagis posat ara el recordaràs com una muntanya quan estiguis a BCN calentet i segur.

    Haig de reconèixer també que m’ha agradat molt com está escrit. Quin ritme tens d’aportacions al blog! Et tinc enveja, i de la malsana.

    Un petó del teu germanet-pesadet-pepito-grillo.

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